Archivo de la categoría: Y sobre esto tengo opinión

Criticona

Ayer lloré. En el trabajo. Tuve suerte que estaba en Los Doblonen y la persona que tengo más cerca está a 4 metros.

Me lo había buscado, he de reconocer. Pero no pensé que el disgusto me durara el resto del día. Hoy ya me he levantado sin él, pero uf, que mal rato. Hacía mucho tiempo que no lloraba. No recuerdo la última vez. ¿Sería la doblonerasiempreestressada liándomela como siempre? ¿Mi jefe diciendo lo mal que hago todo?… Apuesto por la segunda opción.

Me llamó al móvil y me dijo:

“Vale ya, tus emails no tienen nada de gracia.
¿Quieres dejar de buscar errores en mi trabajo?”

Ella tenía razón, le he hecho demasiados comentarios críticas sobre lo que envía o publica.

Por el tono, que fue el que me provocó el llanto y el disgusto, sabía que había sobrepasado su límite. Por lo menos 3 pueblos. Así que la dejé hablar, que me dijese todo, me lo había ganado.

Es algo que me cuesta controlar, veo errores o no entiendo algo y se los comunico a la persona responsable. Y claro, parece que a la gente en general no le gusta que le critiquen (no pongo el adjetivo constructivo porque no creo en él. Aunque lo hagas construstivamente, al final eso lo decide/aprecia el criticado).

Comenzó diciéndome que no tenía que volver a decirle como debían acceder los usuarios a los artículos, que ya se lo había comentado en el número anterior y me habían hecho caso.

Ella estaba tan histérica que no pude decirle que sí, que ya lo habíamos hablado y que se lo había apuntado en su libreta de papel (manifestándome en ese momento que la tecnología a veces no es tan útil) pero… que no la había consultado para este número y lo había vuelto a poner mal.

Lo que sí pude decirle fue que después de sus comunicaciones recibo emails de sus lectores diciendo que no pueden acceder a ellas poniendo las credenciales que pone en su email.

Me dijo que era una tontería, que la gente sabía acceder.

En ese momento pensé que si a ella no le importaba no poder llegar al máximo de personas posible, la conversación, por mi parte, había terminado. Y la dejé hablar.

Continuó preguntándome si a Finanzas, Office management y Diseño también los criticaba. Y le contesté la verdad: con estos tres departamentos hago lo mismo y llevamos bastante tiempo trabajando juntos. Y no consideramos que nos criticamos unos a los otros, trabajamos aportando lo que sabemos. Ellos elaboran el material y yo reviso la parte que me toca, la traducción al inglés y a veces me atrevo con las construcciones de frases en español. Y con Diseño, voy desde el respeto (aunque parece que no ha quedado claro para algunos) y les digo: “Sé que obedecéis órdenes pero esas etiquetas quedan muy artificiales. Sin embargo, me encanta la composición”. Y otras veces me llaman ellos porque saben que voy a ser sincera en mi opinión y quieren saber que veo como usuaria.

Luego me echó en cara que había distraído a su compañero con cosas que él no lleva.

No creo que fuera para tanto. Vi que unas fotos no aparecían y pensé que el tema lo llevaba él, porque relacioné fotos y diseño. Qué ilógica soy a veces, pensar que contratan a un chico para el tema de diseño y acudir a él con temas de fotos.

Y siguió con el tema de las traducciones. ¿Era yo acaso traductora como para poder decir cómo se escribe en inglés? Ahí no pude defenderme, porque lo que le hubiera dicho hubiera sido empeorar la situación.

Imaginad que leéis un artículo de un newsletter y en inglés se titula:

The Red Bathroom

Y, cuando le pincháis a la versión española el título es:

Más allá de los colores y las estancias

Pues sí, yo no soy traductora, pero el que ha escrito eso tampoco.

Y se lo comenté al chaval porque en ningún momento dudo del nivel de inglés que tienen, pero sabía que eso era un título provisional que se les había olvidado cambiar. De hecho, alguien ha comentado que en la versión en papel poner algo que no es ni por asomo “The Red Bathroom”.

Acabó con lo típico:

“¿Te gustaría que te estuviesen criticando cada cosa que haces?”

Pensé que si no sabía la respuesta, por mucha que se la dijera,  nunca la entendería.

Así que me disculpé, le prometí que intentaría no hacerlo de nuevo (for the record, ya me lo había prometido la primera vez que no le gustó el comentario, mea culpa, I know) y le colgué.

Por supuesto que me gusta que me critiquen/corrijan mi trabajo. De cada vez que termino de dar una formación les digo:

“El material está subido, si hay errores, faltas de ortografía o no se entiende, por favor decídmelo y lo cambio.”

Publico bastante material y no me gusta que tenga errores. Da mala imagen. O simplemente no se entiende que hay que hacer, por lo que no he conseguido el objetivo de darles autonomía a los usuarios.

Y, por supuesto, no pienso que la persona no es lo suficientemente lista o similar. Nadie tiene el conocimiento completo. Y no significa que no seas válido. Simplemente, sé por experiencia que si trabajas mucho en un texto, al final no ves los errorcillos obvios porque ya has visto demasiado el texto.

Termino reconociendo que ella tenía razón. ¿Quién soy yo para meterme en sus cosas?

Lo malo es que, me estoy cruzando con demasiadas personas como ella que me hacen ser cada vez más ermitaña porque ya no sé cómo he de actuar con vosotros, los humanos.

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Friendsgiving (I)

O te caigo genial o te caigo fatal. No suelo caer a medias.

No tengo muchos amigos. Es un hecho, no una queja. Necesitan mucho mantenimiento y como te despistes un poco, los pierdes.

Nunca he tenido colegas. Yo me doy al 100% cuando conozco a alguien. Colegas de salir, grupo de deporte o actividades…no tengo. Ni estoy muy interesada en tenerlos. Si que lo he intentado con el tema de viajar. Pero en realidad no era colega, era amiga. Luego dejó de serlo.

Porque soy radical. Me la juegas o no me aceptas tal y como soy, pues vale. Lo entinedo pero se acaba lo que había.

No soy de medias tintas. Con los hombres me pasa lo mismo. Si no me quieres como pareja, no me pidas que sigamos siendo amigos.

Ah, y hablo mucho. No por protagonismo. Algún trauma oculto habrá seguro, pero ni sé lo que es ni lo quiero saber.

Pero también escucho.

Aunque me ha salido una mala manía de interrumpir a la gente. Y me da rabia. Working on it estoy.

Y puedo resultar pesada/agobiante/cargante/soez/bruta. Soy consciente.

En estos últimos meses me he cansado de un par de dobloneras que no me terminaban de aceptar o que me aconsejaban “por mi bien” que cambiara algunas cosas de mi.

Puede que tuvieran razón pero me siento aliviada de no ver una cara agria cuando le hablaba a una de ellas o de tener como un pepito grillo a la otra. Es incómodo porque trabajo con ellas, pero creo que lo llevaré bien.

Siempre le he dado mucha importancia al concepto AMIGO. No suelo usarlo para casi nadie.

Mis compañeros de la universidad no entendían que no les llamara amigos. Ellos eran “mi gente”. Les costó pero se convencieron cuando les expliqué que era mi forma cariñosa de llamarlos.

Para mi un amigo es como tu pareja amorosa pero sin la parte sexual.

Tu conoces a alguien, congenias y cuando descubres que el sentimiento es mutuo, incluyes a esa persona en tu vida. Cuando hay parte de sexual, pues acabas teniendo una vida juntos al 100%. Con los amigos, pues quedas cuando se puede/se quiere.

¿Es esa persona perfecta? Ni la pareja ni el amigo. Nadie es perfecto.

¿Dejas a tu pareja o amigo porque hay cosas que no te gusta que haga, diga o sea? Pues puedes dejarlos, pero para mí, ni era tu pareja, ni era tu amigo.

Así me siento por mis amigos: no juzgada ni analizada.

Y me sorprende mucho. Porque también soy inestable a veces, o indecisa (los dos últimos eventos han sido un cambio de fechas y horas increíble). Entendería que se equivocaran de fecha u hora en el siguiente evento y no aparecieran.

Y me siento agradecida por tenerlos. Y que nos reunamos cada sábado en el chiquiático.

Y, por eso y porque me encantan todas las celebraciones americanas, este año celebro FRIENDSGIVING. Un Acción de gracias pero de amigos.

Si sigo así, se acostumbrarán que las celebraciones americanas implican llevar cada uno algo para comer. La anfitriona se encarga del plato principal, la decoración y el lugar.

Como no, con lo que me gusta a mí las manualidades, hay invitaciones que terminaré de montar mañana. Esta es la muestra (advierto que las fotos me han salido caca; en realidad mola más y que el wahsi tape textil no pega bien, como podéis observar):

friendsgivinga_card_front

friendsgivinga_card_back

¡Qué ganas tengo!

Si alguien le apetece o quiere asistir y no ha recibido invitación, que comente en el post justificando su asistencia y se estudiará si cumple los requisitos =P

Si los cumple, será invitado.

La belleza está en el interior

Mucho de vosotros, los humanos, me tenéis muy confundida.

Creáis “filosofías” que no os llegáis a creer y al final os sale lo que pensáis verdaderamente.

Una de vuestras favoritas, que me da mucha risa es:

La belleza está en el interior

Y esta filosofía frase que, por cierto, me parece tan falsa como la de Querer es poder, la defendéis a muerte, sobre todo si le tenéis aprecio a alguien que no es del todo agraciado/a o que básicamente no cumple los estándares no escritos de la sociedad en la que vivís.

Reconozco que yo soy incoherente la mayoría de las veces. Pero algunos de vosotros tampoco os quedáis cortos.

Esto viene a que ayer me corté el pelo. Me encanta el pelo largo pero también soy consciente de que lo tengo graso y, bonito lo llevo tan solo las 4 horas siguientes de haberme duchado (o habérmelo lavado, como os gusta concretar). Luego, se me chafa y no me gusta. Además, no se queda bonito siempre que me ducho lo lavo. Mi pelo es totalmente independiente a mí.

Por causas varias no conseguía hora en la peluquería desde julio y me ha crecido demasiado. Así que, el viernes, para despedirme de mi casi media melena, me puse un gancho con un lazo negro. Muy mona yo que iba. Además, dio la casualidad que me había duchado y mi pelo había decidido quedarse perfecto. Con volumen y sin remolinos.

Algunos dobloneros se dieron cuenta del lacito y les respondía que era una despedida de la casi melena cuando preguntaban. Y aquí llega cuando os pillo. Mucha “belleza interior” pero este comentario lo oí más de una vez:

Si te cortas el pelo, ¿cómo vas a conseguir encontrar un hombre?

Y me dio la risa, porque en esos momentos, os sale lo que realmente pensáis o sentís. O simplemente, vuestra opinión o preferencia. A la mierda la belleza interior.

Por una parte, vuestra filosofía me ayuda a tener confianza en mí misma y creer que soy tan válida como cualquier humana a encontrar el amor.

Por otra, vuestra realidad o lo que expresáis realmente me dice que si tienes el pelo corto, eres gorda y no te depilas tienes la batalla perdida.

Cuántas collejas deberíais recibir cosas os quedan por aprender, mis queridos terrícolas.

Mientras tanto, dejadme ser feliz tal y como soy. Ya me encargo yo misma de ponerme mis propias limitaciones absurdas.

La Casa y el Lobo – Ismael Serrano

No soy muy fan de canciones-protesta que tocan temas como violencia de género (Malo, de Bebe), homosexualidad (Mujer contra mujer, de Mecano), conflictos bélicos (Sunday Bloody Sunday, de U2) y muchas más.

Por supuesto que estoy a favor de la causa, pero al final suenan tanto y son tan profundas que me canso de ellas. Las de amor y desamor son más light.

Pero si tienen ritmillo, me gustan más.

El pasado viernes mi amigo hizo un mini concierto tributo a Ismael Serrano. Y me di a conocer una que no había escuchado. Va sobre el desahucio.

Llevo el estribillo “Y soplaré y soplaré” desde entonces:

“Y soplarás y soplarás”, gritaban todos,
“y no se moverá un tabique de esta casa”.
“Y soplaré y soplaré”, gritaba el lobo
y toda la calle estallaba en carcajadas.

Después de escuchar a ambos artistas, he de decir que me gustó más como la canta mi amigo =)

Cookies

En general no soy de cookies.

Sólo me gustan las de avena y las Butter cookies with sultana de M&S.

El resto, ni fu ni fá.

Pero hay unas que odio. Las cookies de Internet.

Hace tiempo ya que pusieron el molesto aviso cada vez que entras a una web y me da risa porque sólo hay un botón, el de Aceptar. Me da risa porque da igual que le des o no, aceptas.

Pero eso es sólo una de las cosas que me molesta. También me molesta la pérdida de anonimato. Buscas algo que quiere comprar o que te interesa y acto seguido, te salen anuncios parecidos en cualquier web que visites. Cuando me pasa, es decir, siempre, pienso:

¿Cómo hacen las parejas/matrimonios que comparten ordenador? Imagina que estás buscando un reloj para regalar. Terminas y te vas. Tu pareja usa ese equipo y va a empezar a ver anuncios de relojes.

Las cookies son unas chivatas.

Supongo que puedes poner el navegador en modo anónimo, pero es un poco rollo y hay que gente que esa opción la desconoce. O configurar tus navegadores:

Pero es un coñazo. Yo uso varios equipos/dispositivos y varios navegadores simultáneamente. Y a estas alturas, ya me tienen controlada. No hay vuelta atrás. Además, no funciona. Lo he dejado activado y al intentar entrar en mi blog tengo este aviso:

Hasta este punto, podría incluso aceptar que parte de la culpa es mía por no configurar la privacidad que quiero tener.

Pero lo que me saca de mis casillas es que además de chivatos, son unos mentirosos.

Me hago una cuenta de Instagram con una cuenta que sólo uso para el blog, que no conoce gente de mi pasado ni de mi curro. Abro la cuenta, totalmente vacía y lo primero que me encuentro son sugerencias de personas.

Las dos primeras, una ex amiga y la otra, mi ex.

Y lo peor es que me dicen: Basado en tus “Me gusta”.

¿Qué me estás contando? Acabo de abrir la cuenta, ni siquiera he publicado mi primera foto ni he empezado a seguir a nadie.

Aghhhh, como odio que me tomen por tonta.

Me da mucha da rabia porque yo pensaba que la cuenta, al estar creada con la cuenta del blog, que no tiene contactos ni nada, podría vincularla al blog, como hace la gente, que pone su web en el perfil.

Pero, viendo lo visto, no me he arriesgado. Y ahora menos, que sigo y me sigue una chica de Los Doblones y otra que no sabe aún que tengo un blog.

Fucking Cookies! Fucking Liar Cookies!

Una palabra tan bonita para un propósito tan mezquino.

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