Archivo de la categoría: Miedos de pacotilla

34

Queda menos de una semana para mi cumpleaños.

Este año no ha habido ni cuenta atrás, ni whishlist ni habrá tarjeta ni mail de felicitación en Los Doblones.

He tenido muchas cosas en la vida (encontrar el chiqui-ático, mi padre y sus cosas, la mudanza, cambios en el curro) pero no es por eso porque este año no ha habido ritual.

He estado mucho tiempo pensando que lo de los cumples me traumatizaba y dejé de celebrarlos. Un día decidí afrontarlos y me dediqué a celebrarlos.

Y sí, mola, pero prefiero celebraciones espontáneas, como una cena de Halloween, una pre-cena de navidad y cenas semanales con amigos.

Así que me planto. El domingo cumplo 34 y me gusta el número.

Pero no será un día especial. Los especiales ya los iré creando.

Miedo de Pacotilla IV: Me sigues

Este miedillo no me preocupaba para nada, era muy fácil escaparse de él.

Pero hoy me tengo que enfrentar a él por narices.

Muchas veces, un grupo de gente va en varios coches y el que sabe ir dice:

Yo voy delante
y vosotros me seguís.

Y siempre me escaqueo para coger mi coche. y me acoplo en de otro.

No he seguido nunca a nadie. Y me da pavor.

¿Y si correo mucho?
¿Y si adelanta y yo no puedo?
¿Y si yo corro mucho?
¿Y si me equivoco y sigo a otro coche?

Pero como mañana volamos a las 8 y no tengo GPS para poder donde vive Petra, aparcar el coche e irme con ella, pues me tengo que quedar a dormir en su casa.

Además, no sé qué le habrá contado Petra a su madre de mí pero la cuestión es que la mujer me quiere conocer.

¿Le gustaré?
¿Me interrogará?
¿Soy yo misma o finjo ser una persona normal?
¿Se dará cuenta que no soy de este planeta?

Miedo de pacotilla III: Llenar el tiempo

Miedo de pacotilla II: SUPERADO hace mucho, mucho tiempo

Vamos a por el siguiente ;-)

Todo el mundo que se entera que vamos a Roma o en webs que leo por ahí dicen una cosa en común:

Roma no se acaba, siempre hay mil cosas que ver.

Y parece que es tan “verdadero” que me da miedo llegar allí y al segundo día descubrir que lo hemos visto todo o que ya no nos apetece ver más.

Por otra parte, en el otro extremo, soy una persona que no le importa “no hacer nada” y estar 5 días sólo paseando y comiendo, pero el miedo de pacotilla está también presente. ¿Bipolaridad?

Supongo que es más el estar con alguien y cumplir unas expectativas (que sólo veo y marco yo, of course).

Puedo ir con dos personas o más y sin problemas, pero cuando se me plantea la situación de que sólo habrá una más conmigo, me da el susto.

Y no sé si es inseguridad o qué sé yo, pero creía que ya lo llevaba bien.

Pero el otro día, un doblonero me preguntó si podía ir a comer conmigo al bar. Y fue bien, pero estuve toda la hora en el bar manteniendo conversación y pasándomelo bien mientras mentalmente intentaba desestresarme.

Y ahora Roma. Petra y yo, yo y Petra. Va a ir todo genial, pero el miedo previo es un rollo.

Además, ahora está la posibilidad que con este post Petra se sugestione y vaya pensando todo el rato:

Ésta, a la primera de cambio, le da un ataque de locura y ya verás la que lía en mitad de la Capilla Sixtina”.

Pero Petra, no te asustes, sé controlar la visitante que llevo dentro =)

Miedo de pacotilla II

Tres días hasta que he encontrado un momento para empezar este post, siendo la idea inicial un borrador en mi mente desde la semana pasada.

Busy days en los Doblones, muchos cambios en poco tiempo in my life.

Miedo de pacotilla I: SUPERADO 

Fui al pueblo de Paudalet on my own, yo solita, me siendo más adulta a la vez que más patética, jeje.

Me preparé un mapa y me llevé prestado el GPS de los Doblones. Al principio y al final, el GPS se pasó todo el rato diciéndome: “Recalculando”. Vamos, que no le hice caso. Pero yo me sentía menos perdida con él =)

Aún así, sigo siendo yo en estado puro. Salgo de mi casa, me incorporo a la autopista y descubro 2 cosas:

  1. El miedo con nombre y apellidos: las autopistas me dan mucho “respeto” por las incorporaciones. Me da miedo que se me acabe el carril de incorporación. Pa’ darme un capón lo sé, y otro porque la incorporación a la que iba a hacerle frente resultó, al final,  que no existía. Soy un caso sin solución, lo sé.
  2. Y dos, después de descubrir que ya estaba dentro de la autopista sin necesidad de incorporarme, me relajo, subo la música y sigo por el carril Valencia (oeste)/Madrid/Alicante/Albacete y entonces me doy cuenta que no me he hecho un mapa de vuelta. Aghhh. Pero se me pasa enseguida, llevo el GPS que ignoré también al volver.

Y con la nueva mudanza a mi nuevo hogar (en el que por cierto, me he aclimatado perfectamente y estoy muy contenta), ha resurgido otro miedo de pacotilla.

Miedo de pacotilla II: la cuesta

Ahora vivo en una ciudad con aspecto y ambiente de pueblo (no es despectivo, eh? es sólo que es nuevo para mi). ¿Y que tienen los pueblos que comparten la falda de la montaña con un castillo romano?

CUESTAS, MÁS CUESTAS Y CALLES ESTRECHAS Y LA COMBINACIÓN DE AMBAS.

Hay calles peores que la que llega a mi casa, lo reconozco, pero en esas no hay problema de aparcamiento. No se puede aparcar porque el coche no entra, simple y claro.

No recuerdo haber subido la cuesta nunca. O puede que una vez. Si, una vez, porque ahora me viene a la memoria que tuve que pedir ayuda a mi tio para no empótrame al bajarla contra un coche.

Pues eso, tu llegas a la plaza, entras en la calle y te encuentras con esta cuesta:

Esta es fácil, hasta aquí llego.

Pero luego, ya me acojono. Me encuentro con esto:


(la ventana con recuadro naranja es la de mi habitación)

Un zigzag en pendiente. Yujuuuuu! (modo irónico on, por si alguien no lo ha pillado). Que sí, que si la gente sube, que imposible no es (aplicando las técnicas de la psicóloga “¿Qué evidencias tienes de que no es posible?”), pero cuando estoy allí, en mitad del camino, no es tan fácil. Además, que conste, el coche de Google tampoco subió, llegó al mismo punto que yo y el resto de calles las ignoró.

Si lo consigo cuando los consiga, llegaré al final de la calle y la compra no pesará tanto porque no la habré tenido que subir andando con ella.

Mi madre me ha dicho que al final me haré a las calles. Yo le he dicho que llevo conduciendo desde el 2003 y que sigo cerrándome demasiado en las curvas y giros de calles. Lo que sí que ya voy mejorando es lo de aparcar en pendiente con poca posibilidad de maniobra =)

Y no va a pasar, pero si pasa que nunca suba la cuesta, no pasa nada. Razón: tengo una prima que a los 19 años se fue a estudiar a Barcelona, ha trabajado en 2 curros a la vez, volvió a casa decidida a ser funcionaria y lo conseguió a la primera (profesora de FP de Imagen/Sonido), decidió al mes de conocer un chico que se casaba con él, ala ñao se casó con él y a los 4 meses se divorció, volvió de nuevo y vivió un año en un adosado de montaña, tiene un novio de fin de semana y hasta hace poco se hacía un Valencia-Barcelona 2 veces al mes. Vamos, que ella no tiene miedos de pacotilla. Pero… ella tampoco sube la cuesta. Así que me sirve como excusa, jeje.

Aún así, ayer, lo volví a intentar, pero tenía más ganas de llegar a casa que de superar mis miedos de pacotilla.

Las tareas de la semana que viene son: contratar Internet y subir “la cuesta”.

Miedos de pacotilla I

Estas fiestas, me he propuesto empezar a quitarme esos miedos sin sentido que a veces hacen que no avance, que me acojone y busque alternativas mucho más complejas.

El primero de ellos es lo de conducir a sitios que no conozco.

A veces pienso lo idiota que parezco. ¿Pues son me da miedo conducir al aeropuerto? O a valencia, o a cualquier sitio que implique coger una autovía/autopista. Sé que con dinero y el depósito lleno no hay problema y que si me equivoco, hay cambios de sentido, lo sé. Aún así, me da miedo.

Y digo lo de idiota porque resulta que por muy coñazo que haya sido el día, o que no haya solucionado la mitad de las cosas, o que tenga sueño, o que esté cansada… es subir a mi Getz, poner la música a todo el volumen y el camino se me hace más corto de lo que es. Me relaja conducir a casa o hacia los Doblones.

Así que nada, aprovechando que me he acoplado a los planes de Semana Santa de Paudalet, voy a madrugar y hacerme 80 kilometrillos hasta su pueblo. Luego, junto con sus amigos, volver subir al Rincón de Ademúz, a una casita “con encanto”.

Ágora me intentó convencer de que me recogieran en un punto medio, que pensara en el planeta y en el palizón de conducir. Pero soy muy cabezona, no lo ha conseguido. Por una parte es porque lo voy a pasar peor llegando al sitio que decidamos (tampoco sé donde es y me surgirá la duda de “me he equivocado de gasolinera, seguro”) y porque como son los amigos de mi amigo, pues quiero “molestar” lo mínimo posible.

Después de superar este ridículo miedo, no habrá excusas para visitar a mis sobrinos postizos ni a llegar a Zaragoza a reunirme con Anselmi en mayo.

Enjoy the holidays!