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Adivinar o Provocar

Había ocurrido durante una cena en casa de unos amigos. Al descubrir que su compañero estaba muy ocupado prodigando atenciones a su vecina de mesa, Jeanne había abierto los ojos […]
Jérôme negó rotundamente que sintiera ningún interés por aquella mujer cuyo nombre ya había olvidado. Sin embargo, ahí no estaba el problema: Jeanne querría haber sido la mujer a quien Jérôme hubiera intentado seducir aquella noche, pero él no le había dirigido ni una sola mirada en toda la cena. Discutieron durante toda la noche y pusieron fin a su relación al amanecer. Un mes más tarde, Jeanne se enteró de que Jérôme se había ido a vivir a la casa de la que había sido su vecina de mesa. Desde entonces no dejaba de preguntarse si uno adivina su destino o si, al contrario, algunas veces más bien lo provoca.

El Primer Día, Marc Levy

Karlsruhe y Baden-Baden

Me estoy leyendo un libro cuyas localizaciones son París y Londres  principalmente.

Y de repente, esta frase, 

A medianoche llegó a las afueras de Karlsruhe, una media hora más tarde, cogió la salida de Baden-Baden.

Dos lugares en Alemania.

Karlsruhe, donde estoy pasando las vacaciones y,

Baden-Baden, ciudad muy pija donde tuvo lugar la cena de empresa de Navidad de los Doblonen.

Marian Keyes

No me acuerdo de quien me prestó el primer libro de Marian Keyes. Aunque sé que siempre recordaré que fue Sushi para principiantes. Me enamoré tanto de él que meses después lo vi en Carrefour en edición de bolsillo y lo compré. Se quedó otros tantos meses con el resto de mis libros en la estantería pero finalmente lo regalé en un cumpleaños que tenía ya que tenia la misión de darlos a conocer, tanto al libro como a la autora. Me dije: “Ya me compraré el mío”. Nunca lo hice y no me arrepiento. He descubierto que no soy de las que leen libros más de una vez.

De él sólo recuerdo la sensación de buen rollo que se me quedó. Aún la tengo.

Sushi… es un libro coral. 4 amigos, creo recordar, veinte-treintañeros que quedan para tomar copas y ponerse al día.

Lo típico de muchas de estas novelas, las chick lit:

  • La protagonista, que acaba de romper con su novio o no ha encontrado el amor de su vida
  • Su mejor amigo gay
  • Una amiga muy dicharachera
  • Otra que se dedica a los negocios, ejecutiva 100%
  • Y una familia muy peculiar.
  • Y una mascota, que no falte.

Los títulos de Marian suelen ser del tipo:

– Fulanita se va de viaje

– Fulanita se queda sola

– Fulanita se casa

– Fulanita ve la luz

Y resulta (me costó descubrirlo, lentita veces que soy) que todas esas Fulanitas son hermanas. Forman parte de la familia Walsh. Que vive en Dublín, Irlanda. Detalle que antes me gustaba por si reconocía sitios en los que había estado y que ahora, al igual que escuchar U2, me provoca melancolía en plan plof.

Siempre son el mismo tipo de historias: corales, de veinte-treintañeros, la familia Walsh y las zonas de Dublín y Londres. No hay mucha sorpresa.

La sorpresa es cómo escribe. Aunque puedas intuir el final no te aburre ni te cansas de leerla.

No sé como explicar cómo escribe pero es la única autora que me hace soltar alguna carcajada cuando la leo, ya sea en casa, en el bus o en el parque. En general, no “vivo” los libros lo suficiente para que me provoquen emociones. Excepto las risas en los de Marian.

Y a veces me sorprendo también porque, por ejemplo, Rachel se va de viaje  habla de drogas y de rehabilitación y Un tipo encantador de la Violencia de género. Y trata los temas con normalidad. No les quita la importancia que tienen (sólo un poquito) pero tampoco hace un drama de ellos. Los trata desde las vivencias de las personas, no desde “fuera”. Supongo que el hecho que casi todas las experiencias estén basadas en sus vivencias personales hace que sean creíbles y cercanas.

Y este post viene porque a pesar que no te cansas de leerla y de saber más de los miembros de la familia Walsh, he tenido una etapa de no leer (aun estoy en ella, voy a 3 páginas por noche) y ni siquiera ella me motivaba. Pero fui a coger un libro para mi viaje a Polonia y acabé con uno que no me había llamado nada todas las veces anteriores pero al ser el único le di una oportunidad, Un tipo encantador.

Y me encontré en Polonia en los ratos de siesta general aprovechando para leer y no dormir (unbelievable), ya que el resto del tiempo estaba con la gente.

Y por eso escribo este post, para comunicaros que Marian ha vuelto a mi vida (aunque en estos momentos ella está con depresión y hace 2 años que no escribe).

El que leo ahora: La estrella más brillante. Voy por la página 52 de 584.

¿Cuál vais a leer vosotros?

Hemofílica emocional

Durante el verano había abrigado la esperanza de que su sufrimiento tuviera un límite. Ahora comprendía que siempre iba a estar ahí y que nada conseguiría apagarlo.

– Ten un poco de amor propio -le instó Grace.
– Me encantaría tenerlo -repuso con voz queda-. Si supiera dónde conseguirlo, iría allí como una bala.
– Solo has de decidir que lo tienes.

Marnie negó con la cabeza.

– Grace, no hay nada más aterrador… o humillante que el hecho de que un hombre ya no te ame.
– Le ocurre a todo el mundo. -Grace era desafiantemente práctica.
– Yo no soy todo el mundo. Yo no soy normal.

Ella era una hemofílica emocional. No podía cicatrizar. Todo lo malo que le habían hecho en la vida -empezando por el primer día de colegio, cuando la separaron de Grace- lo llevaba consigo como una herida tan fresca y dolorosa que parecía que le hubiera sucedido ayer. Nunca superaba los reveses.

Un tipo encantador, Marian Keyes

Taburetes

No soporto los taburetes altos, incómodos a más no poder. Para empezar, demasiado altos, y nada a lo que agarrarse, nada donde apoyar la espalda, nada donde posar los pies. Estás a la deriva. Como esas barras de desayuno. ¿Por qué querría empezar mi día tambaleándome sobre un taburete alto cuando puedo sentarme en una silla de altura normal? ¿Y por qué solo para desayunar?

Un tipo encantador, Marian Keyes

Yo tampoco los soporto.

Visitante4576