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¿En qué situaciones faltarías al trabajo?

Esta pregunta es la que no planteó el coach que vino a darnos técnicas de estudio en el curso de Bolillos.

Este coach me gustó mucho más que el del curso de oratoria.

Empezó con el planteamiento que lo que estamos haciendo es un trabajo en el que debemos cumplir los horarios todos los días y saltárnoslos sólo en las mismas situaciones en las que nos iríamos de cualquier otro trabajo.

También nos dio técnicas de tiempos, descansos, métodos y nutrición para el estudio. Y nos pidió realismo porque es un trabajo por obra y servicio pero de larga duración y los que ya tienen un trabajo remunerado tienen menos tiempo para trabajar en el segundo.

Me gustó mucho. Me motivó. Pero he de reconocer que me pasó como cuando me contrataron en Los Doblones, que me preguntaron cuando quería empezar y yo pensé: “Ya me han confirmado que el trabajo es mío pero con lo bien que se vive sin trabajar… yo empezaría en un mes. O dos. ”. Con deciros que el 21 de septiembre fue la charla y aún no me he incorporado lo digo todo.

Pero ya no puedo ni quiero alargarlo más:

Hoy firmo el contrato con la publicación de este post.
Y mañana es mi primer día de trabajo en Los Bolillos.

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Euromillón & Christmas lottery

No creo en los juegos de azar. Y la china doblonera me confirmó que la probabilidad no está a favor.

Y claro, por mucho que quieras evitarlo, si tienes la suerte de tener trabajo, tienes la mala suerte de tener que decidir si haces el Euromillón y si compras el décimo de Navidad de la empresa.

¿Cómo no vas a comprarlo si todo el mundo lo hace?

¿Te perdonarías que les tocara a todos y tú no haber participado?

Así que, aprovechando que me estoy redefiniendo y hay cosas tontas que me crean más agobio que satisfacción, me desapunto del Euromillón y de participar a medias con Pommery en los 3 décimos de Navidad.

Se acabó el no tener calderilla e ir cambiando en las máquinas de café para pagarle a Ems cada mes. Y el invertir mi dinero en una causa perdida no me llamaba nada, la verdad.

Ya lo rumié hace un par de semanas y no me decidí porque el Eurmillón “sólo” suponían unos 70€ anuales y si tocaba algo, pues se recuperaba. Pero anoche me decidí.

El dinero del Euromillón no me lleva a un ahorro impresionante así que voy a colaborar con mi granito de arena en alguna ONG. Soy todo oídos a recomendaciones.

Y el de Navidad, pues un poco de lo mismo. Aprovecharemos la campaña de OXFAM Intermón para comprar 3 pollitos a una familia que los necesite.

Miedos de pacotilla V: Fotos & Vídeos

Estoy haciendo un curso de 12 horas en Los Doblones: El Arte de Comunicar.

Ha venido un coach, como no. Cuando alguien dice que es coach siempre me pregunto cómo se definían cuando el palabro aún no existía. Ese dice que viene en calidad de orador, no coach.

Algunos coaches me gustan, como el de la semana pasada, del que puede que hable en el futuro. Pero la mayoría me parecen vendehúmos. Llegan, dicen sus palabras mágicas, dejan con la boca abierta a la mayoría y se van. Y luego, nunca aplicas todo lo que te han “vendido”.

Este, en la primera sesión lo dejé en el limbo. Me costó tirarlo a los leones pero no se ganó mi admiración.

En la segunda, me hizo enfrentarme a uno de mis miedos de pacotilla pero lo hizo sin empatía. LEONES. Los llamo miedos de pacotilla porque la mayoría de los terrícolas ni se plantea un dilema ante esas situaciones. Simplemente, las hace. Pero para mí no, generan miedito.

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Este miedo en concreto es el de que no puedo verme en fotos ni videos. Me ha costado aceptarme físicamente y no sentirme inferior por el físico que tenga. Pero la que aparece en las fotos y en los videos no es la que veo todas las mañanas en el espejo (de cuerpo entero, eh?).

Hay gente que dice: No me gusta como salgo en las fotos. Pero ahí se queda y sigue saliendo y sigue viéndose. Yo ya he dejado de intentar no salir en las fotos pero no las miro. Y si me la enseñan, cierro los ojos. Me supera. No sé qué es. Algunos dirán que en realidad no me he aceptado, tal y como creo y  afirmo felizmente.

Hay algunos miedos que me apetece vencer a mi ritmo y me siento feliz de conseguirlo. Pero este, no me hace falta. En mi trabajo y en mi vida no es indispensable que lo haga.

Pero llegó el curso, al que me apetecía asistir y en el que especificaba que se nos grabaría.

Como quería hacer el curso, me mentalicé para el tema de la grabación. Y llegado el momento del visionado, cerrar los ojos y listo.

El ritmo del curso me pilló por sorpresa y después de un descanso activo (vamos, que ni descanso ni leches porque tenías que pensar el discurso que debías hacer al acabar el descanso) allí estaba la cámara de video.

Me entró el pánico. Y le dije que tenía este miedo y que no estaba preparada para verme. Y aunque intentó y luego me dio cancha,  no me gustó como me habló.

Me dijo que me quitara lo del cuento del patito feo.

Me dolió mucho la forma en que me lo dijo. Si pudiera quitármelo tan fácilmente, lo habría hecho, so listo.

Me gustaría saber cómo le quita a la gente los miedos a las alturas o a las arañas.

“Tuvo” un poco compasión y me dijo que podía elegir no mirar pero que no me serviría porque él iba a apuntar con un láser lo que tenía que corregir.

Reconozco que no fue para tanto, pero eso, cuando tienes miedo, te supera y no lo sabes.

Me vi en la grabación y esa Vis sigue siendo gorda, pero es casi igual que a del espejo.

La de las fotos no. Esa sale deformada y no veo a Vis tal y como la siento.

Podríamos decir que he superado medio miedo y puedo verme en video, pero queda el de las fotos.

O podríamos concretar que el pavor sólo es con las fotos.

La belleza está en el interior

Mucho de vosotros, los humanos, me tenéis muy confundida.

Creáis “filosofías” que no os llegáis a creer y al final os sale lo que pensáis verdaderamente.

Una de vuestras favoritas, que me da mucha risa es:

La belleza está en el interior

Y esta filosofía frase que, por cierto, me parece tan falsa como la de Querer es poder, la defendéis a muerte, sobre todo si le tenéis aprecio a alguien que no es del todo agraciado/a o que básicamente no cumple los estándares no escritos de la sociedad en la que vivís.

Reconozco que yo soy incoherente la mayoría de las veces. Pero algunos de vosotros tampoco os quedáis cortos.

Esto viene a que ayer me corté el pelo. Me encanta el pelo largo pero también soy consciente de que lo tengo graso y, bonito lo llevo tan solo las 4 horas siguientes de haberme duchado (o habérmelo lavado, como os gusta concretar). Luego, se me chafa y no me gusta. Además, no se queda bonito siempre que me ducho lo lavo. Mi pelo es totalmente independiente a mí.

Por causas varias no conseguía hora en la peluquería desde julio y me ha crecido demasiado. Así que, el viernes, para despedirme de mi casi media melena, me puse un gancho con un lazo negro. Muy mona yo que iba. Además, dio la casualidad que me había duchado y mi pelo había decidido quedarse perfecto. Con volumen y sin remolinos.

Algunos dobloneros se dieron cuenta del lacito y les respondía que era una despedida de la casi melena cuando preguntaban. Y aquí llega cuando os pillo. Mucha “belleza interior” pero este comentario lo oí más de una vez:

Si te cortas el pelo, ¿cómo vas a conseguir encontrar un hombre?

Y me dio la risa, porque en esos momentos, os sale lo que realmente pensáis o sentís. O simplemente, vuestra opinión o preferencia. A la mierda la belleza interior.

Por una parte, vuestra filosofía me ayuda a tener confianza en mí misma y creer que soy tan válida como cualquier humana a encontrar el amor.

Por otra, vuestra realidad o lo que expresáis realmente me dice que si tienes el pelo corto, eres gorda y no te depilas tienes la batalla perdida.

Cuántas collejas deberíais recibir cosas os quedan por aprender, mis queridos terrícolas.

Mientras tanto, dejadme ser feliz tal y como soy. Ya me encargo yo misma de ponerme mis propias limitaciones absurdas.

La felicidad engorda, ¿verdad?

Aunque ya no viva en La Cueva, la uso de trastero para cajas y demás y a veces me paso a ver si ha entrado mucha agua y recoger el correo.

Ayer llego, aparco, me acerco a la puerta y al meter la llave en la cerradura, la vecina cotilla asoma la cabeza desde la puerta de su casa.

LA VECINA: Hace mucho que no vienes a ver cómo está la casa. Y estás más gorda.

YO: Será la felicidad, que engorda.

LA VECINA: Claro, allí, más cerca de tu madre.

“Y más lejos de ti”, pensé pero no dije, porque no lo hubiera entendido.