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Desvelada

Cuando tengo que hacer algo fuera de mi rutina, como ir al médico a renovar recetas, entregar papeles, recados en general… a veces me ocurre que no consigo dormirme por la noche.

Y lo que mejor me sale involuntariamente cuando me desvelo es planificar ni futuro. Empiezo a pensar en cosas que voy quiero hacer a corto, medio y largo plazo. Los planes a corto plazo suelen empezar con “mañana por la mañana me levanto temprano” y nunca se cumplen, porque cuando me suena el despertador, me autoconvenzo que no era tan buena idea y sigo durmiendo hasta el mediodía.

Los de medio plazo son los más reales. Hay veces que los cumplo. A largo plazo no, siempre sale uno de “a medio” que hacen que se me olviden los primeros.

Anoche me pasó, me desvelé y mi mente se puso a toda máquina. Como sabe que laboralmente estoy un poco frustrada, se encargó de encontrarme una solución.

Y me convenció: volver a vivir y trabajar en el extranjero era lo que debía hacer. Pero ya, en cuestión de un mes. Pintaba muy bien: volver a Dublín y trabajar en Google. Por las noches soy optimista en modo extremo y sé con la seguridad que me van a coger en cuento les eche el currículum. Y vivir de alquiler con mi madre irlandesa, que está buscando estudiantes para alquilarles habitaciones.

¿Y la hipoteca? Sin problemas. Con un sueldo básico de allí me daría justo, pero me daría para pagar la cuota sin tener que alquilar mi chiqui-ático, pagar alquiler en Dublín, bonobús y comprar comida.

Y con el horario de allí de cenar tan pronto, podía seguir con el único proyecto a largo plazo que no se me olvida. A ver si lo consigo.

Así que ahí estaba mi cabecita, a las 4.15 de la madrugada planificando exitosamente una nueva etapa en mi vida.

Todo solucionado. Ya podía dormir tranquila y con una sonrisa de oreja a oreja.

Y entonces, es cuando oí un ronquido y me acordé que hay un elemento que tiraba todos mis sincronizados planes por el suelo: tengo un gato. Que ronca casi más que yo, por cierto.

Me había olvidado de Turbo. Y claro, no me lo puedo llevar al extranjero. Múltiples motivos y un único escenario que no me gustaría que sucediese tan pronto =S

A la mierda todo. Pero no pasa nada. En realidad me encanta vivir en España, concretamente en Valencia. Continuamos como si no hubiera planificado nada

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Twitter

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No me había enterado que ya no eran sólo 140 caracteres y por eso no me había “apuntado”. Yo, que no me callo ni debajo del agua, con ese número no tenía ni para empezar. Ahora son 280 y como novedad, puedes abrir hilos de tuits encadenados.

Cuento esto porque hace unos meses, algo se activó en mi cabecilla. Eso y, como ya he comentado, lo de que no paro de hablar y decir tonterías. Son graciosas pero es que, si por mi fuera, no callaría nunca. Y puedo resultar pesada/cansina.

Así que he decidido que, para no saturar a la gente que me queda (menuda racha llevo de quitarme gente tóxica y de hacerme enemigos), puede que Twitter sea la solución.

Muchas veces he intentado imitar a otros con posts cortos: los empiezo escuetos pero al final acaban en otra página.

Así que, sí, la nomuyamigadelasredessociales ya tiene blog, flckr sin actualizar, FB para leer chistes, Instagram para poner mis fotos “artísticas” y la última adquisición.

¡¡¡ TWITTER !!!

 

miprimertweet

 

 

Criticona

Ayer lloré. En el trabajo. Tuve suerte que estaba en Los Doblonen y la persona que tengo más cerca está a 4 metros.

Me lo había buscado, he de reconocer. Pero no pensé que el disgusto me durara el resto del día. Hoy ya me he levantado sin él, pero uf, que mal rato. Hacía mucho tiempo que no lloraba. No recuerdo la última vez. ¿Sería la doblonerasiempreestressada liándomela como siempre? ¿Mi jefe diciendo lo mal que hago todo?… Apuesto por la segunda opción.

Me llamó al móvil y me dijo:

“Vale ya, tus emails no tienen nada de gracia.
¿Quieres dejar de buscar errores en mi trabajo?”

Ella tenía razón, le he hecho demasiados comentarios críticas sobre lo que envía o publica.

Por el tono, que fue el que me provocó el llanto y el disgusto, sabía que había sobrepasado su límite. Por lo menos 3 pueblos. Así que la dejé hablar, que me dijese todo, me lo había ganado.

Es algo que me cuesta controlar, veo errores o no entiendo algo y se los comunico a la persona responsable. Y claro, parece que a la gente en general no le gusta que le critiquen (no pongo el adjetivo constructivo porque no creo en él. Aunque lo hagas construstivamente, al final eso lo decide/aprecia el criticado).

Comenzó diciéndome que no tenía que volver a decirle como debían acceder los usuarios a los artículos, que ya se lo había comentado en el número anterior y me habían hecho caso.

Ella estaba tan histérica que no pude decirle que sí, que ya lo habíamos hablado y que se lo había apuntado en su libreta de papel (manifestándome en ese momento que la tecnología a veces no es tan útil) pero… que no la había consultado para este número y lo había vuelto a poner mal.

Lo que sí pude decirle fue que después de sus comunicaciones recibo emails de sus lectores diciendo que no pueden acceder a ellas poniendo las credenciales que pone en su email.

Me dijo que era una tontería, que la gente sabía acceder.

En ese momento pensé que si a ella no le importaba no poder llegar al máximo de personas posible, la conversación, por mi parte, había terminado. Y la dejé hablar.

Continuó preguntándome si a Finanzas, Office management y Diseño también los criticaba. Y le contesté la verdad: con estos tres departamentos hago lo mismo y llevamos bastante tiempo trabajando juntos. Y no consideramos que nos criticamos unos a los otros, trabajamos aportando lo que sabemos. Ellos elaboran el material y yo reviso la parte que me toca, la traducción al inglés y a veces me atrevo con las construcciones de frases en español. Y con Diseño, voy desde el respeto (aunque parece que no ha quedado claro para algunos) y les digo: “Sé que obedecéis órdenes pero esas etiquetas quedan muy artificiales. Sin embargo, me encanta la composición”. Y otras veces me llaman ellos porque saben que voy a ser sincera en mi opinión y quieren saber que veo como usuaria.

Luego me echó en cara que había distraído a su compañero con cosas que él no lleva.

No creo que fuera para tanto. Vi que unas fotos no aparecían y pensé que el tema lo llevaba él, porque relacioné fotos y diseño. Qué ilógica soy a veces, pensar que contratan a un chico para el tema de diseño y acudir a él con temas de fotos.

Y siguió con el tema de las traducciones. ¿Era yo acaso traductora como para poder decir cómo se escribe en inglés? Ahí no pude defenderme, porque lo que le hubiera dicho hubiera sido empeorar la situación.

Imaginad que leéis un artículo de un newsletter y en inglés se titula:

The Red Bathroom

Y, cuando le pincháis a la versión española el título es:

Más allá de los colores y las estancias

Pues sí, yo no soy traductora, pero el que ha escrito eso tampoco.

Y se lo comenté al chaval porque en ningún momento dudo del nivel de inglés que tienen, pero sabía que eso era un título provisional que se les había olvidado cambiar. De hecho, alguien ha comentado que en la versión en papel poner algo que no es ni por asomo “The Red Bathroom”.

Acabó con lo típico:

“¿Te gustaría que te estuviesen criticando cada cosa que haces?”

Pensé que si no sabía la respuesta, por mucha que se la dijera,  nunca la entendería.

Así que me disculpé, le prometí que intentaría no hacerlo de nuevo (for the record, ya me lo había prometido la primera vez que no le gustó el comentario, mea culpa, I know) y le colgué.

Por supuesto que me gusta que me critiquen/corrijan mi trabajo. De cada vez que termino de dar una formación les digo:

“El material está subido, si hay errores, faltas de ortografía o no se entiende, por favor decídmelo y lo cambio.”

Publico bastante material y no me gusta que tenga errores. Da mala imagen. O simplemente no se entiende que hay que hacer, por lo que no he conseguido el objetivo de darles autonomía a los usuarios.

Y, por supuesto, no pienso que la persona no es lo suficientemente lista o similar. Nadie tiene el conocimiento completo. Y no significa que no seas válido. Simplemente, sé por experiencia que si trabajas mucho en un texto, al final no ves los errorcillos obvios porque ya has visto demasiado el texto.

Termino reconociendo que ella tenía razón. ¿Quién soy yo para meterme en sus cosas?

Lo malo es que, me estoy cruzando con demasiadas personas como ella que me hacen ser cada vez más ermitaña porque ya no sé cómo he de actuar con vosotros, los humanos.

Una libreta en Instagram

Mequis, necesito tu ayuda. Es un momentino. ¿Puedes bajar a la zona de esparcimiento de la planta baja ?

Y como es tan maja, pues allí nos encontramos.

– Resulta que he ganado un premio en un concurso de Instagram. Una libreta!!! Estoy emocionadísima, pero tengo 2 problemas: Quiero contestar al comentario y no encuentro la opción de contestar.

– A ver, tú no puedes contestar porque eso no es un comentario, es una publicación. Lo que haces es escribir y es un comentario.

– Ah, claro. Lógico. Y mi segundo problema es que me han enviado un mensaje privado preguntándome la dirección donde la mandan y ahora con consigo encontrar ese mensaje. Ni en opciones ni nada.

– Mira, este icono es el de los mensajes. Ahí lo tienes.

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La miro con cara entre de lástima y de vergüenza y le digo:

Lo sé, ahora te estás preguntando que qué narices es esta situación en la que una doblonera del departamento de IT te pregunta dudas de una aplicación de móvil.

Y si, parece absurdo, pero en temas de redes sociales, voy más perdida que un pulpo en un garaje. Pero mi curro lo hago bien, siempre y cuando no le preguntes a mi jefe.

7

Hoy cumplo 7 años siendo doblonera.7

Otras veces lo he celebrado trayendo tarta.
Y alegrándome.
Y sintiéndome afortunada de tener trabajo de lo mío.

Hoy no, hoy mandaría a varios a la mierda.

Me encanta mi trabajo, Creo que lo hago bien y que tengo don de gentes usuarios.

Pero en las empresas, por mucho equipo y bienestar que te quieran vender, lo que importan son los números. Siempre he sido consciente de ello, no os creáis que me he dado cuenta ahora.

Pero claro, trabajo en una empresa en la que, en muchos aspectos, cuidan al empleado y le inculcan frases motivadoras, principios de empresa, posibilidad de cogerte un año extra de excedencia maternal y volver y que no se inventen nada para tirarte, jornada reducida, viajes para los veteranos y eventos como la fiesta de verano y la de Navidad…Y valores Dobloneros. Escritos en las paredes.

Y claro, así todo es más bonito. Crea buen rollo sin llegar a ser una secta. Por supuesto, siempre hay contras, como en cualquier curro, pero yo tengo tenía bastantes pros:

  • Vivo a 15 minutos en coche desde la puerta de casa a la silla de la oficina
  • Horario perfecto para mi problema con el sueño: de 10 a 19 h.
  • Puedo coger vacaciones cuando quiera, siempre y cuando no coincida con mi compi.
  • El sueldo me da para los gastos que tengo, y para ahorrar para las vacaciones.
  • Puedo recibir las compras online en el curro y las chicas de recepción me envían un mail cuando me llega.
  • A veces hay fruta/verdura gratis

Y compensaba. Desde hace un año y medio aproximadamente, ya no.

Y supongo que me afecta tanto porque me gusta mi trabajo. Pero tener un supervisor que te exige diciéndote: “Y no me digas que estás agobiada, ni que no te da tiempo porque los números no dicen que tengas tanto curro y además, sois una persona y media“.

La media es mi compi, que era una persona entera pero ahora le toca hacer de secretaria del otro área de IT a media jornada.

Yo miro mis números y sí que me cuadran: mi medio compi y yo damos soporte a las 220 personas que hay en la oficina y a los 20 que trabajan fuera de ella.

Le podemos añadir que cada 3 semanas tengo que estar disponible 24×7 con portátil y móvil a cuestas. Por una compensación que ofende más que compensa.

Y pedo terminar con las dos empleadas con las que me llevaba superbién y les caía genial hasta que un día dejé de serles tan maja. Tanto que me ponían malas caras cuando les decía algo o me reprochaban cosas que hacía. Me ha calado bastante y “gracias” a personas como ellas hacen que deje de tener admiración e interés por especie humana. Me he vuelto más solitaria; así que llego, me siento, trabajo, voy al comedor y como (con gente pero en plan autista) y vuelvo a currar cuando he terminado. No quiero llevarme más chascos.

Pero lo que más me hunde es que mi jefe me hable como me habla porque no le salen la cosas como él quiere. No creo esto que esté incluido en mi carta de puesto. No creo que me lo merezca. Nadie. Porque lo hace con todo el mundo, pero a mi y mis compis nos llegan más directos porque es nuestro jefe. Sé que no se debe hablar de jefes en Internet y menos en tu blog, pero necesito sacarlo.

Yo intento reflexionar sobe toooodo lo que me dice contiuameeeeente y pienso: “pues si hago mi curro tan mal, pues nada, que me despidan y me voy con mi paro y mi finiquito”. Pero parece que no llega ese día.

Y claro, irse de valiente, con una hipoteca y sin otro curro… es de valientes y ni hoy ni ningún otro día lo he sido. Pero no ha sido por falta de ganas.

Así que nada, empiezo mi octavo año intentando que no me afecte lo que me digan y pasando de todo. Al fin y al cabo, parece que nunca estarán contentos con mi trabajo. Tampoco lo estaré yo con sus justificaciones. A lo mejor tengo suerte y consigo que me tiren.

Escribiendo esto, me han entrado unas ganas locas de buscar otro curro.

Y también me he acordado de una serie de fotos divertidas/absurdas que mostraban las cartas de renuncia de empleados.

Siguiéndoles el hilo, acabo con un

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