Archivos diarios: 11 julio, 2018

Criticona

Ayer lloré. En el trabajo. Tuve suerte que estaba en Los Doblonen y la persona que tengo más cerca está a 4 metros.

Me lo había buscado, he de reconocer. Pero no pensé que el disgusto me durara el resto del día. Hoy ya me he levantado sin él, pero uf, que mal rato. Hacía mucho tiempo que no lloraba. No recuerdo la última vez. ¿Sería la doblonerasiempreestressada liándomela como siempre? ¿Mi jefe diciendo lo mal que hago todo?… Apuesto por la segunda opción.

Me llamó al móvil y me dijo:

“Vale ya, tus emails no tienen nada de gracia.
¿Quieres dejar de buscar errores en mi trabajo?”

Ella tenía razón, le he hecho demasiados comentarios críticas sobre lo que envía o publica.

Por el tono, que fue el que me provocó el llanto y el disgusto, sabía que había sobrepasado su límite. Por lo menos 3 pueblos. Así que la dejé hablar, que me dijese todo, me lo había ganado.

Es algo que me cuesta controlar, veo errores o no entiendo algo y se los comunico a la persona responsable. Y claro, parece que a la gente en general no le gusta que le critiquen (no pongo el adjetivo constructivo porque no creo en él. Aunque lo hagas construstivamente, al final eso lo decide/aprecia el criticado).

Comenzó diciéndome que no tenía que volver a decirle como debían acceder los usuarios a los artículos, que ya se lo había comentado en el número anterior y me habían hecho caso.

Ella estaba tan histérica que no pude decirle que sí, que ya lo habíamos hablado y que se lo había apuntado en su libreta de papel (manifestándome en ese momento que la tecnología a veces no es tan útil) pero… que no la había consultado para este número y lo había vuelto a poner mal.

Lo que sí pude decirle fue que después de sus comunicaciones recibo emails de sus lectores diciendo que no pueden acceder a ellas poniendo las credenciales que pone en su email.

Me dijo que era una tontería, que la gente sabía acceder.

En ese momento pensé que si a ella no le importaba no poder llegar al máximo de personas posible, la conversación, por mi parte, había terminado. Y la dejé hablar.

Continuó preguntándome si a Finanzas, Office management y Diseño también los criticaba. Y le contesté la verdad: con estos tres departamentos hago lo mismo y llevamos bastante tiempo trabajando juntos. Y no consideramos que nos criticamos unos a los otros, trabajamos aportando lo que sabemos. Ellos elaboran el material y yo reviso la parte que me toca, la traducción al inglés y a veces me atrevo con las construcciones de frases en español. Y con Diseño, voy desde el respeto (aunque parece que no ha quedado claro para algunos) y les digo: “Sé que obedecéis órdenes pero esas etiquetas quedan muy artificiales. Sin embargo, me encanta la composición”. Y otras veces me llaman ellos porque saben que voy a ser sincera en mi opinión y quieren saber que veo como usuaria.

Luego me echó en cara que había distraído a su compañero con cosas que él no lleva.

No creo que fuera para tanto. Vi que unas fotos no aparecían y pensé que el tema lo llevaba él, porque relacioné fotos y diseño. Qué ilógica soy a veces, pensar que contratan a un chico para el tema de diseño y acudir a él con temas de fotos.

Y siguió con el tema de las traducciones. ¿Era yo acaso traductora como para poder decir cómo se escribe en inglés? Ahí no pude defenderme, porque lo que le hubiera dicho hubiera sido empeorar la situación.

Imaginad que leéis un artículo de un newsletter y en inglés se titula:

The Red Bathroom

Y, cuando le pincháis a la versión española el título es:

Más allá de los colores y las estancias

Pues sí, yo no soy traductora, pero el que ha escrito eso tampoco.

Y se lo comenté al chaval porque en ningún momento dudo del nivel de inglés que tienen, pero sabía que eso era un título provisional que se les había olvidado cambiar. De hecho, alguien ha comentado que en la versión en papel poner algo que no es ni por asomo “The Red Bathroom”.

Acabó con lo típico:

“¿Te gustaría que te estuviesen criticando cada cosa que haces?”

Pensé que si no sabía la respuesta, por mucha que se la dijera,  nunca la entendería.

Así que me disculpé, le prometí que intentaría no hacerlo de nuevo (for the record, ya me lo había prometido la primera vez que no le gustó el comentario, mea culpa, I know) y le colgué.

Por supuesto que me gusta que me critiquen/corrijan mi trabajo. De cada vez que termino de dar una formación les digo:

“El material está subido, si hay errores, faltas de ortografía o no se entiende, por favor decídmelo y lo cambio.”

Publico bastante material y no me gusta que tenga errores. Da mala imagen. O simplemente no se entiende que hay que hacer, por lo que no he conseguido el objetivo de darles autonomía a los usuarios.

Y, por supuesto, no pienso que la persona no es lo suficientemente lista o similar. Nadie tiene el conocimiento completo. Y no significa que no seas válido. Simplemente, sé por experiencia que si trabajas mucho en un texto, al final no ves los errorcillos obvios porque ya has visto demasiado el texto.

Termino reconociendo que ella tenía razón. ¿Quién soy yo para meterme en sus cosas?

Lo malo es que, me estoy cruzando con demasiadas personas como ella que me hacen ser cada vez más ermitaña porque ya no sé cómo he de actuar con vosotros, los humanos.

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