Archivos diarios: 6 noviembre, 2017

Rotundamente NO hasta que sea un SÍ

Estoy acojonada. Muchísimo.

Hay veces en la vida que algunas decisiones que tomas, las tienes tan claras que sabes que no vas a cambiar de opinión NUNCA.

Pero desde hace unos días hay una que me la estoy replanteando.

Yo siempre he dicho que no tendría ni quería perros. Una porque yo noto más el olor del perro y no me gusta y la otra porque un perro lleva implícita una responsabilidad que no sé si soy capaz de cumplir: sacarlo a pasear antes de irme a trabajar.

Por mi horario laboral, paso mucho tiempo fuera de casa y el perro necesita más compañía. Y luego, lo de madrugar un poquito más… sé que no lo conseguiría.

Por eso, hace 6 años, elegí gato como animal de compañía. Y siempre he cumplido con mis obligaciones de dueña: limpiar el arenero y darle agua y comida.

Pero como decía, desde hace unos días, tengo unas ganas inexplicables de adoptar un perro. Tengo la imagen abstracta en mi mente: ni el color ni la raza están definidos.

Y no se me pasa. Ayer me sorprendí a mí misma buscando en Internet perros en adopción. Y uno me encantó. De 4 meses. Negrito. Tan mono.

Menos mal que luego lo analicé en frío y decidí que no puede ser.

Por las razones de antes ya comentadas y principalmente por Turbo. Es muy espacialito y me da miedo que vuelva a auto-ponerse en segundo plano. Cuando tenía a los dos gatos, con Turbo no interactuaba, se comportaba como una silla más del comedor. Parece ser que la exclusividad de la dueña se la agenció el Tigre. Luego, sin Tigre, se convirtió en otro gato totalmente diferente y ahora somos, al menos, como compañeros de piso que duermen en la misma cama. Por eso, me da miedo que vuelva a hacer lo mismo si meto otro animal en casa. Que yo al Turbo lo quiero mucho, eh?

También está el tema de la incompatibilidad de tener un perro y gato. Con lo miedica que es el Turbo, se me muere el primer día de un ataque al corazón. O directamente el perro tenga instinto cazador y me lo mata.

Debo ser sincera y reconocer que, a pesar de todos los contras, aun no se me han pasado las ganas.

Y estoy acojonada no por el tema perro, sino por la otra decisión “incambiable under any circumstance”: tener un hijo.

Nunca he tenido ese instinto maternal que hace que quieras ser madre. Además, como no lo tengo, estudio la situación objetivamente y salen los mismos contras que con el perro:

  • Responsabilidad pero a mayor nivel
  • Dedicación
  • Economía (no lo he comentado pero si tuviera un perro, los costes que le tocan habría que quitarlos de los viajes)

Y claro, así, objetivamente, es un NO rotundo.

Pero…viendo lo visto… me da miedo que un día me levante y tenga esas ganas inimaginables de tener un hijo. Y vaya a por él.

Ains, que miedito.

Anuncios
Anuncios