La felicidad engorda, ¿verdad?

Aunque ya no viva en La Cueva, la uso de trastero para cajas y demás y a veces me paso a ver si ha entrado mucha agua y recoger el correo.

Ayer llego, aparco, me acerco a la puerta y al meter la llave en la cerradura, la vecina cotilla asoma la cabeza desde la puerta de su casa.

LA VECINA: Hace mucho que no vienes a ver cómo está la casa. Y estás más gorda.

YO: Será la felicidad, que engorda.

LA VECINA: Claro, allí, más cerca de tu madre.

«Y más lejos de ti», pensé pero no dije, porque no lo hubiera entendido.

2 pensamientos en “La felicidad engorda, ¿verdad?

  1. Carlos dice:

    La gente grosera es un pelmazo insoportable

    • Visitante 4576 dice:

      Esta es sumamente cotilla. No puede controlarlo. Cuando me mudé a la Cueva, un día me dejé la puerta abierta y entró hasta el comedor y me dijo: «Oye, ¿tú eres de la familia o vienes a robar?». Con eso te lo digo todo.

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