Archivos diarios: 8 noviembre, 2013

La Cuarta Luna

Soy rara para las fiestas (terrícolas o no).

Sobre las vuestras:

No me gusta nada lo de CARNAVAL. Sin tener en cuenta los disfraces del colegio, sólo me he disfrazad una vez en mi vida y porque si no lo hacía desentonaba con mi grupo de amigos. Me puse una sábana rota a modo de túnica y el resto de telas mugrientas las hice un ovillo me las colgué del cinturón. Iba vestida de “Mugre paseando a su mascota”.

Y SAN VALENTÍN. Aghhhh. Que sí, que será lo típico que decimos los que no tenemos pareja. Pero en serio, no me gusta nada. Y no es por la falta de la media naranja. A veces lo intentan camuflar con que San Valentín es la fiesta del amor en general. Y un mojón. Una vez promoví cena de solteros en tan señalada fecha. La llamé “Esto no es para siempre”, pero acabaron viniendo parejas o salieron siendo pareja en las 2 temporadas en las que se celebró.

LAS FALLAS sí. Pero de joven. Ir de plaza en plaza hasta encontrar la orquesta que más nos gustaba. En los últimos años, fue Luz de Luna. Cantaban pop-rock. Sin pasodobles. Con la edad me hago menos fan de las multitudes y que tenga que trabajar en la semana de fallas no me motiva a trasnochar mucho. La gente que es fallera se pide vacaciones para esas fechas, pero es que lo de ser fallera nunca me ha llamado. En la época que podría haberlo sido, en casa éramos más bien tirando a pobres. Y ser fallera es un pastizal. Y luego está el factor social. Me cuesta mucho hacer amigos y no soy de pertenecer a grupos sociales ni saber integrarme a ellos. Ah, por no decir que lo de salir de fiesta no es lo mío.

SAN JUAN. Otra fiesta que no me termina. Todo el mundo se va a cenar a la playa y a mojarse los pies. No soy de multitudes. Y antes, aún-aún, porque quedábamos, cenábamos, nos bañábamos de noche en la playa. Pero ahora, somos adultos y ya no lama tanto. Ahora es pasear entre la multitud y hacer el paripé de mojarse los pies. Y yo ya estoy muy mayor. El agua me está muy fría.

HALLOWEEN. Soy nueva en esto, pero me gusta cada vez más. Me encanta tematizar mi casa. Y este año he comprobado que puedes empezar a hacerlo un mes antes. Recuerdo que estábamos a final de septiembre y en Mercadona vi de todo para Halloween. Me hizo dudar. Por un momento pensé que Halloween era el 31 de septiembre. Luego caí que no, que era en octubre y que el 31 de septiembre no existe.
Este año, la verdad que no sé qué ocurrió. Desde que vi todo lo que se vendía para tal fiesta, no hacía más que pensar “Jo, si estuviera viviendo en Dublín, convencería a mis compis de piso y haríamos una fiesta”. Y pensaba en Melo, que él está allí y tiene compis de piso. Y pensaba que dar una fiesta de “miedo” en la Cueva podía ser lo más. Todo tenebroso y rodeada de abuelas sordas a las que no se les molesta. Pero al no ser muy social, los invitados iban a ser más bien pocos.

Así que ahí estaba yo lamentándome. Idiota a más no poder, porque no se me pasó por la cabeza que mis amigos vienen a cenar a casa TODAS LAS SEMANAS.

Así que el día de antes me di cuenta y en dos horas conseguí lo que posteé aquí.

El año que viene que alguien me lo recuerde un mes antes y será lo más. Invocaré a fantasmas y espíritus. Patrick Swayze vendrá con la misma ropa, edad y ganas de enseñar a bailar que tenía en Dirty Dancing.

NAVIDAD. Lo único que me gusta es lo de decorar la casa. El año pasado me encantó comprarme mi Own Christmas Tree y mis adornos. Lo que no me gusta es los malos rollos, peleas y estrés que se respira, en general, en todas las familias. Siempre intento buscar un plan alternativo para que no me pille en casa, pero nunca funciona y me toca ir a la cena familiar, con alguno de mis tíos enfadados o mi padre haciendo una de las suyas.

NOCHEVIEJA. Esta es la que menos me gusta. Recuerdo con ilusión las nocheviejas de pequeña. Mi primo de mi misma edad y su hermana venían a casa y recuerdo que nos lo pasábamos en grande. Una vez, que Papá Noel me había traído un radiocasete que grababa, nos pusimos cantar y a grabarnos. Creo que la cinta aún la tengo guardada. Pero luego fue la época de que era la moda de ir de cotillón. Además de que no me llamaba nada lo de comprarme un vestido y unos zapatos de fiesta, en casa no nos sobraba el dinero y me parecía un derroche gastarse diez mil pesetas en un vestido y otras tantas en la entrada del cotillón. Así que mis nocheviejas eran de quedarse en casa. Y así han sido muchos años más. Y lo de pertenecer a un sociedad es un poco rollo porque da la sensación que si no haces nada en Nochevieja es que no eres normal, que tienes algún problema. Y como yo siempre me rallo, pues siempre le doy muchas vueltas a todo. Menos mal que ya se me ha pasado esas pajas mentales. Ya era hora.

LOS REYES. El día de Reyes ni fú ni fa. De pequeña, como a todos, mola. Me acuerdo una vez que mis padres hicieron el teatrillo a las tantas de la mañana (eso es la sensación que tuve, yo creo que eran las 00.30) y entraron en la habitación con los regalos y nos contaron la milonga que los habían dejado en el balcón y los metían para que no se estropearan. Luego sigue molando pero es lo de siempre, hay que comprar regalos a todos los que quieres. Por inercia. Sin originalidad. O sí, pero bajo el efecto del consumismo y la frustración de no encontrar lo que quieres. Al final se consigue y todos contentos. A quien no le gustan los regalos, ¿no?

Y sobre las mías:

La verdad que lo nuestro es bastante simple. No voy a entrar en cuántos días tiene cada año de los nuestros. La cosa es que por cada año tenemos 6 celebraciones. Que son todas IGUALES. Somos poco originales. Si algo funciona, para qué tocarlo.

Son en honor a las 7 lunas que nos rodean.

En todas las celebraciones hacemos una gran fiesta, con protagonistas a los que en ese día tienen las orejas de color azul. Y entre ellos hay una especie de torneo que vosotros también hacéis: el de las sillas. Y, el que se queda sin silla al final del juego, es metido en una nave y el azar decide a qué planeta se va a realizar misiones interestelares.

Por si tenéis curiosidad, yo soy de la cuarta luna.

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