Archivos diarios: 30 marzo, 2013

Mi Semana Santa 2013

PlazaMayor

Plaza Mayor del Pueblo
  • Estandartes morados y bordados en los balcones
  • Placas de no aparcar que hacemos desfile y calles sin coches
  • Cruzarme con chavales y jovenzuelos vestidos de capuchinos (creo que el nombre oficial es Nazareno) dirigiéndose a su cofradía. Me hace preguntarme que creencia tendrán, o si es sólo tradición, ya que dudo que sean creyentes-practicantes. Me gustaría saber cuánto tiempo llevan haciendo eso, si les gusta, si es tradición familiar, si lo viven, si ya permiten que las mujeres participen…
  • Una única alfombra morada que recorre todo El Pueblo. Amazing. (No hay foto porque la ponen y la quitan durante la tarde/noche).
    Yo pensaba que era para que los capuchinos andaran sobre ella pero me han dicho que es para que la cera de los cirios caiga sobre ella.
  • Parecer que estás en un rally al oir el chirriar de las ruedas con la cera que ha quedado en las calles. Y reírte a carcajadas porque vas a 20 por hora.
  • Un “por si acaso, no cojo el coche” porque no sé los horarios de las procesiones y no quiero volver a tener que aparcar el coche en el cauce del río (lo tenemos sin agua) o encontrarme de nuevo con las calles cortadas y acabar en un barrio cerca de mi casa pero que no conocía y tener la duda, a mitad de calle,  si estoy yendo en dirección contraria.
  • Y una nana cada noche en forma de tambores que suenan a lo lejos.

Lejos quedan esos años en los que acudía a todas las procesiones del Pueblo porque a mi madre le encanta el ambiente, sobre todo el de la procesión del silencio, donde sólo suenan los tambores.
Pero yo, como el resto de los niños, prefería el resto: al ser niños tenía preferencia para ponerte en primera fila y juntando las dos manitas y poniendo cara de niña buena pedías caramelos a los capuchinos con un dulce tono diciendo:

Un carameleeeeeet,
un carameleeeeet

Y su posterior contabilización de caramelos y la confiscación (por parte de los padres, of course) de la bolsa de “Mercadona” llena hasta las asas para no comérselos todos de golpe.