Hemofílica emocional

Durante el verano había abrigado la esperanza de que su sufrimiento tuviera un límite. Ahora comprendía que siempre iba a estar ahí y que nada conseguiría apagarlo.

– Ten un poco de amor propio -le instó Grace.
– Me encantaría tenerlo -repuso con voz queda-. Si supiera dónde conseguirlo, iría allí como una bala.
– Solo has de decidir que lo tienes.

Marnie negó con la cabeza.

– Grace, no hay nada más aterrador… o humillante que el hecho de que un hombre ya no te ame.
– Le ocurre a todo el mundo. -Grace era desafiantemente práctica.
– Yo no soy todo el mundo. Yo no soy normal.

Ella era una hemofílica emocional. No podía cicatrizar. Todo lo malo que le habían hecho en la vida -empezando por el primer día de colegio, cuando la separaron de Grace- lo llevaba consigo como una herida tan fresca y dolorosa que parecía que le hubiera sucedido ayer. Nunca superaba los reveses.

Un tipo encantador, Marian Keyes

4 pensamientos en “Hemofílica emocional

  1. Illa dice:

    Me temo que yo también soy hemofílica emocional…

    • Visitante4576 dice:

      Pero mola saber que alguien se ha “inventado” el término.
      Es consuelo detontos, pero te sientes menos sola y un poquito más comprendida.
      Del tipo: “Hola, me llamo Vis y soy hemofílica emocional”. Y oyes a todos: “Hola Vis”.
      Jajajajaja.

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