Archivos diarios: 3 febrero, 2012

2012: Odisea en Urgencias de la Seguridad Social

Saludmente hablando, el 2012  no ha empezado bien. He tenido que ir 2 veces a las urgencias del centro de salud.

Y en ambas, me han dado unas ganas de empezar a repartir hostias a diestro y siniestro…

También me hizo darme cuenta que si mi trabajo lo hiciera con las mismas ganas e interés, la mitad de los dobloneros me odiarían. Y supongo que ya me habrían despedido. Con razón, por supuesto.

La mañana de Reyes, sabiendo que mi regalo aún no iba a llegar, estaba yo intentando limpiar el patio y al mover un armario, y me clavé un pequeño tornillo entre la carne y la uña del dedo pulgar. Por supuesto, como todos los tornillos de La Cueva, estaba más que oxidado. Pero no le di importancia y al final del día, ya metidita en la cama, me vino a la cabeza esas cosas que se dicen/oyen: “si te cortas con algo oxidado lo primero que tienes que hacer es ponerte la antitetánica”. Y eso me vino a la cabeza como 12 horas después. Y porque todo el dedo me palpitaba y escocía., que si no se me cae y ni me entero.

Al mediodía, llamé a mi madre y me dijo que tenía que ir a urgencias. Y me asusté, porque mi madre es de esas que siempre dicen: “eso es normal, no se te van a salir las tripas”.

Así que allí me fui, a urgencias del centro de salud del Pueblo. Nada más entrar, pensé: “Pobrecillos los del Tercer Mundo (me dijo Ágora que ya no se dice así pero es que no me acuerdo de la versión políticamente correcta)”. Si esta mierda de centro tengo yo, ¿que tendrán ellos? Me sentí en una serie de los ochenta. De hecho, el centro de salud está como el del Municipio, cuando descubrimos que tenía psoriasis y me tocaba ir cada dos por tres. No me acuerdo la edad, pero eran los ochenta. Alguien debería hacer reformas y no señalo a nadie.

Total, que entro a la doctora, le explico que me he pinchado y:

– Eso no es nada
– Ya, pero como el clavo estaba oxidado…
– No te va a pasar nada
– Ya, pero como noto escozor y malestar en el dedo…
– Es normal, te has pinchado, tiene que hacer daño.
– Ya, pero al estar oxidado pensé que tendría que vacunarme del tétanos
– ¿Qué edad tienes?
– 31
– Pues no pasa nada, con esa edad deberías estar cubridas.
– ¿Perdón? – dije con los ojos como platos
–  Que con tu edad tus vacunas deben de estar cubridas.
–  Ya, pero es que mi madre me dijo el año pasado que se le olvidó ponerme una vacuna cuando tenía 24 años – dije resignándome al hecho de que siguiera diciendo cubridas.
– Bueno, si te empeñas, te la pongo.
– No es que me empeñe pero… ¿no puedes ver mi historial de vacunación?
– Si, puedo. En la lista de tus vacunas no aparece.
– Entonces…
– Nada, que como veo que no estás tranquila, pues pasa por la enfermería y que te la pongan.
– Ok, y para el dolor, no vaya a ser que hinche…
–  ¿Tienes antinflamatorios en casa?
–  No – le contesto, quedándome con las ganas de decirle: ¿Usted no ha visto las campañas de esas que dicen cosas como “no te automediques”, “no tengas medicamentos de más”?

Porque soy una pacífica mema, pero era para matarla, con un cuchillo oxidado.

Y la otra ocasión fue esta semana. Desde el domingo por la noche, me duele por la parte del oído. Pensé que me había irritado la zona cerca del oído pero al día siguiente me di cuenta que notaba una pequeña molestia. Era muy pequeña pero constante. Pensé en pasarme al salir de Los Doblones pero como no iba a peor, lo dejé pasar. Pero al día siguiente, la cosa fue a peor y la molestia de intensificaba. Llamé al centro de salud pero me daban fecha para dentro de una semana y la chica muy amablemente, me dijo que las urgencias empezaban a las 15:00.

Allí que me planto yo a las 14:45 para ser la primera y nada más entrar, la mujer, ni me pregunta ni nada, me ignora durante un rato. Cuando, al fin, me pregunta, le digo que me duele el oído pero que en las dos últimas horas he empezado a notar molestia también en  la encía inferior.

La mujer me mira los dos oídos con la linterna de mirar oídos y me dice que todo está bien. Le digo que cuando me ha mirado el que me duele, me ha hecho daño. Me ignora.

Y se produce la siguiente conversación:

– Los oídos no son.
– Ya, puede que sea algo de la boca, alguna infección de alguna muela, no?
– Los oídos los tienes bien, no te pasa nada. Tomate ibuprofeno 3 veces al días durante 3 días y si te sigues molestando, vas a tu médico de cabecera y que te mande al especialista.
– Pero…
– Es que esto no es una cosa de urgencia, para tu información
– Pues para mi si que lo es cuando llevo con la molestia 2 días y va a más.
– Lo entiendo, pero debías haber ido a tu médico de cabecera, no aquí
– Ya, pero es que trabajo y esta es mi hora de la comida
–  Aún así, puedes pedir un permiso en el trabajo para venir al médico
–  Claro que lo puedo pedir, pero si falto al trabajo y resulta que lo que me recetan son ibuprofenos, a lo mejor mi jefe no se lo toma a bien.

Y como no iba a conseguir mucho más. Me fui. Con mi dolor.

Aún me dura la mala leche. Puede que la gente tenga razón cuando se queja de los médicos. Hay muy pocos buenos.