Archivos diarios: 23 agosto, 2011

La Cueva: Desestrucando

Hace ya varios meses, caso cuatro que me mudé a La Cueva. Por supuesto, no era mi primera opción, pero se convirtió en la única. Pensé que sería temporal, que encontraría algo en un par de meses, algo de verdad, no la casa de mi abuela, consu humedad, su oscuridad y sus 400.000 sillas. Y no quise acomodarme, pensé que so me ayudaría a encontrar algo sin dormirme en los laureles. Por eso, allí han estado los armarios con la ropa, los zapatos, mantas y lanas de mi abuela todos estos meses. Ilusa de mí, que creía que ese sería un hogar de paso.

Pero cuando más de uno empezó a insinuarme que iba a vivir allí más de un invierno, me planteé que podía empezar a convertirlo en mi hogar.

Viendo la película “Bajo el sol de la Toscana”, me decidí al oír que la protagonista decía algo así como: “Elige una habitación, hazla tuya y ese será tu hogar”. Y así lo hice. Elegí el dormitorio, con la ayuda de mi tío saqué el megaarmario y conseguí dejarla, al menos, un poquito mejor.

Luego pasé al resto de la casa. Metí en una habitación las 400.000 sillas. Y moví todos los muebles del comedor. Y los volví a mover de nuevo. Pobres gatos, he oído que se pueden estresar si cambias los muebles, por eso puede que tengo uno hiperactivo y otro que le tiene miedo hasta su propia sombra. Y me organicé la cocina. Y me desenvuelvo perfectamente en ella. Me encanta. Además, ahora, le he puesto stickers a la nevera y al armario.

Y, cuando ya estaba todo medio decente, y después de casi 4 meses, invité a mi madre a Mi Cueva. Le di de merendar horchata con fartones. A la fresca, rodeadas de mis plantitas, que aún están vivas, no como las primeras que me compré. Y empezaron los planes de revisar todo que había dentro de la casa, tirar lo que no valía, tirar los armarios y hacer mi hogar para los próximos 4 años. Si sobrevivo al invierno.

Ya sólo me queda una cómoda y sus respectivas mesitas de noche, pero prometí a Melo que no las tiraría sin antes ponerlas en venta en ebay.

Y con el subidón de adrenalina, la cantidad de humedad y el estrucado, emprendí la labor de deshacerme de él. El domingo me fui a dormir con una sonrisa de orjea a oreja. Esa tarde había empezado y parecía taaaan fácil. Y a algunos les parecerá disgusting pero me encantaba quitarlo, salía como cuando se te pela la piel y te entretienes es despielarte del todo. Mmmm, disfrutando como una enana.

Ayer, la parte fácil ya estaba y empecé con la que requería un poquito más de esfuerzo.

Hoy, me arrepiento de haber empezado, es imposible quitarlo. Aghhhh. Voy centímetro a centímetro. Llegará el invierno antes que yo acabe. Por supuesto, no estoy usando ningún producto especial para deshacerme del estrucado, tan sólo humedecer con el rodillo y rascar con la espátula. Estoy a la espera de que me presten una vaporeta; a mi madre parece que también le hace ilusión.

A ver si la cosa funciona, que aún queda mucho por delante. Por supuesto, recomiendo que no sigáis mis pasos. Si el gotelé está ahí, ahí debe permanecer.

Nota de la visitante: a ver, hay veces que de siempre has creído que una palabra era de una manera y llega un día que descubres que no. Siempre he dicho “estrucado” en vez de “estucado”. Ahora ya sé cómo se escribe, pero dejo mi versión del post con las erratas.

Ah, y me ha hecho gracia el significa de ser un estuco: impasible, no conmoverse por nada.

Muy acertado. Doy fe de ello.

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