Archivos diarios: 5 junio, 2011

Underwear

Me da mucha rabia cuando la gente se mete con la Iglesia, como si fuera la única imperfecta. El último comentario fue del estilo: “es que la Iglesia se centra en que te sientas culpable”.

No voy a entrar en el tema, pero me acordé de ello en estas vacaciones, cuando, con Anselmi y Forbe, compartíamos las diferentes visiones de la vida y la sociedad dependiendo de la nacionalidad y cultura y de si eres hombre y mujer.

A él le costaba entendernos, pero a pesar de haber crecido en diferentes países, Anselmi y yo compartíamos esa obligación que la Sociedad te crea un patrón y te sientes culpable si no lo sigues.

Sabes que técnicamente eres libre y nadie te obliga a hacer nada, pero no es cierto.

Hemos crecido con un patrón invisible, con el que te han educado tanto en la escuela, en tu familia, en tu grupo de amigos y en la sociedad en la que vives, en el país que estás. Y quieres seguir el patrón, quieres sentirte aceptado.

Y hay muchos ejemplos, pero estuvimos hablando del hecho de que te haces mayor y ves que la gente alrededor se casa, empieza a tener familia y si tu no te encuentras en ese proceso, ni siquiera lo ves a lo lejos, aunque sabes que no pasa nada, que nadie te lo va a reprochar ni te van a señalar con el dedo, sientes que deberías ser como el resto de las ovejas del rebaño. No digo que esas ovejas no tengan personalidad ni nada por el estilo. Es sólo que si no seguimos esos patrones, en un rinconcito de nuestro interior existe esa duda, ese miedo a estar equivocados.

Últimamente (para que engañarnos: siempre) me he sentido fuera de lugar porque nunca he encontrado un novio, y porque hasta ahora, no he tenido un trabajo de “adulto” ni tonterías por el estilo. Y, aunque ahora estoy contenta conmigo misma y prefiero “vestir santos”  antes de encontrar un marido que se convierta en lo que es  mi padre, sigo sintiendo que “no sigo el patrón de la sociedad”. Es como que tienes que dar explicaciones, justificarte.

Aunque después de esa conversación, lo dejé pasar. Contenta porque no me sentía sola fuera del patrón y sorprendida porque parece que el género masculino no se ralla tanto como las féminas.

Pero el martes pasado, después de enseñarle la fantabulosa ciudad de Valencia a Anselmi, llegamos con sol al Pueblo y me dijo:

“¿Y si vamos a la playa?”.

Y allí nos dirigimos, tan solo con el inconveniente de que las toallas las llevábamos en el maletero pero los bikinis estaban en casa.

Fue divertido, porque lo hablamos y nuestra elucubraciones eran del estilo:

  • “bueno, un bikini es ropa interior pero para la playa o piscina, al fin y al cabo es lo mismo”
  • “en verdad no es como ir totalmente desnudas”
  • “llevamos ropa interior normal, no llevamos lencería”
  • “y de todas maneras no va a haber mucha gente”
  • “por no decir que ayer hicimos topless”.

Nos sentíamos extrañas, allí, intentándonos convencer la una a la otra. Y sintiéndonos extrañas por ir a la playa en ropa interior.

La gilipollez más grande del mundo, pero nos causaba un dilema y vergüenza.

Llegamos a la playa y yo había decidido que sólo me sentaría, me “arremangaría” los vaqueros y que no me quedaría en ropa interior (a pesar que combinaba, jeje). Y a ella, curiosamente, le pasó lo mismo, se dirigió a la orilla y estuvo bastante rato allí, vestida y disfrutando de la brisa.

Y yo en mi toalla, luchando contra mi misma y la sociedad con “su patrón y sus reglas”. Hasta que me dije: “serás gilipollas, visitante” y me quité la ropa. Anselmi volvió a la toalla y pasamos una fantástica tarde en la playa:

solas, enjoying the sun
y en ropa interior.

 

Hey, by the way. Me acabo de dar cuenta que este es mi post número 200. Guau!

Anuncios
Anuncios