Amores de Instituto

Qué recuerdos.
Han pasado muchos años pero me acuerdo del mío perfectamente: divertido, moreno, con sus patillas y de mi estatura, lo que viene a ser bajito para ser un tío (y si, Carlos, disimulo muy mal que me gustan los tíos bajitos =P ).

Nos sentábamos juntos (el destino lo quiso asín) y siempre me hacia reír. Pero nunca me atreví a decirle que me gustaba.

Soy una extraterrestre muy enamoradiza. Allá donde vaya, ya sea un curso, una excursión, un campamento, un trabajo…me enamoro platónica y patéticamente de alguno.

Pero con Oasis fue diferente. Siempre pensé que nos volveríamos a encontrar y tendría otra oportunidad. Siempre ha tenido un huequito en mi corazón.

Y hoy creo que lo he visto. Empujando un carro de bebé y lo acompañaba una tía.

Jo.

Y si, es de idiotas, pero estaba tan tan segura que acabaríamos juntos que nunca se me pasó por la cabeza que él se casara y… fuera PADRE, con otra que no fuera yo.

Soy una adolescente encerrada en el cuerpo de una treintañera.

Dios! Qué peor!

5 pensamientos en “Amores de Instituto

  1. Dugutigui dice:

    Suele pasar,
    .
    Hay una chica cuya vida a menudo se cruza con la mía, en la parada del autobús, cuando esperamos. Es dulce y su voz suave nunca olvida saludarme. A veces comentamos sobre el tiempo, cuando los días son demasiado fríos como para hablar de otra cosa, pero nunca me he atrevido a preguntar su nombre, aunque ansiara conocerlo.
    Presiento que este sea un nombre musical y canciones delicadas lo lleven en sus letras y si alguna vez mi timidez arrinconara o la curiosidad me subyugase, oiría un nombre inusual que me complacería.
    Se que ella a mi lado se siente tranquila, porque siempre llega sonriendo allí donde yo estoy y silenciosa permanece hasta que llega la hora de la partida. Y también sospecho que su quietud reside en parte, en mi aparente indiferencia por conversaciones invadidas de preguntas.
    Y soy feliz cuando está cerca y me gusta observarla cuando parece no notarlo. Y me agrada su calma y su ausente alegría que me invitan a ansiar su reservada amistad. Y tal vez por eso, porque su sosegado encanto me fascina, pienso que nunca demandaré su nombre.
    Es tal su hechizo como es ahora, que no podía soportar que, por mí, un día cambiase.

  2. Carlos dice:

    ¡Qué peor! Je, je, je.

    Sí que es cierto que resulta un poco raro cuando ves a alguna chica que te gustó tiempo ha con un niño de la manita convertida en toda una madre.

    Por cierto, también está bonita esa historia de la chica de la parada de autobus.

    Saludos,

    Carlos

  3. Illa dice:

    Creo que todos tenemos un amor así. El mío ya va por el segundo hijo. De otra, claro.

  4. Visitante4576 dice:

    Confirmado: he perdido el 1% de esperanzas.
    Hoy lo he vuelto a ver. Era él y llevaba la misma compañía: una esposa y un bebé.
    Y parece ser que ahora viven en mi barrio.

  5. Carlos dice:

    Seguro que se ha mudado sólo por fastidiarte. :)

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