Desde el comedor

Cuando yo era pequeña, recuerdo que mi actual tía Ana, por aquellos entonces, la novia de mi tío; me llevó a su casa porque iba a ver una película con su hermana. Molaba que tu  tío tuviera una novia, te llevaba al cien y a más sitios. Ahora llevo yo a sus hijos al cine =)

La película era de miedo y para que no me diera tanto, no la vi, sólo la escuché haciéndome la dormida.

Llama un extraño, se llamaba y trataba de una adolescente que para ganarse unas perrillas trabaja de canguro. Y cuando está con sus palomitas y los niños arriba, la llaman por teléfono, un hombre diciéndole que va a matar a los niños que están arriba en la habitación.

Y la llama más veces hasta que la policía le avisa que las llamadas que está recibiendo provienen del interior de la casa.

Me dio miedo, muchísimo miedo. Han pasado años y aún tengo la sensación. Si veo la peli ahora pensaré que es malísima, jeje.

La idea de las llamadas internas ha dado para el desarrollo de varios mitos y leyendas urbanas y la creación de más películas y parodias sobre ellas.

Hace 2 noches, en Serbia, me acosté temprano porque tenía que recoger a una chica el día siguiente. A las 23.30 mi móvil empieza a sonar y extrañada, por la hora y porque la gente que me solía llamar ya ha regresado a España, cojo el móvil y veo parpadeando en la pantalla:

Mi casa Serbia

El corazón se me paró por momentos al darme cuenta que me estaban llamando desde el fijo que estaba en el comedor, al otro lado de la pared.

Colgué la llamada y sin pensarlo me dirigí a la puerta de la habitación y fui al comedor a comprobar si había alguien.

Afortunadamente, no había nadie.

Ahora lo pienso y ya me vale. Tan valiente para esto y tan cobarde para el resto.

Por supuesto, antes de volver a la cama, comprobé que todas las ventanas (oseasé 2) y la puerta.

Me costó dormirme. Lo conseguí autoconvenciéndome que había habido un cruce de líneas o un eco telefónico.

Al día siguiente, en la parada del bus, miré el móvil y tenía otra perdida de “mi casa”.

Había quedado con un amigo serbio y como no venía, lo llamé.

Me dice: “me he quedado estudiando y no voy a ir, por eso te llamé anoche y esta mañana”.

La llamada resultó no ser desde mi casa sino de la suya.

Las ganas de matarlo aún no se me han pasado.

Y la duda de cómo grabas el número de tu casa como “mi casa” (en  español, siendo serbio) en el móvil de alguien aún existe.

3 pensamientos en “Desde el comedor

  1. Carlota dice:

    Jolín, se me han puesto los pelos de punta! Vamos, yo ni de broma me levantaba a comprobar nada!!

  2. C-18 dice:

    Jajajaja, qué bueno, qué chispa tenía el amigo, para haberlo matado.

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