Archivos diarios: 17 septiembre, 2010

El voucher II

Ayer volví a cenar con voucher. Se me hace raro cenar sola en un restaurante. Lo del desayuno es diferente, porque tú te levantas las veces que quieras y no tienes camarero. Anoche, me sentía extraña, incómoda y vigilada mientras cenaba. Acababa un plato y no sabía si llamar al señor camarero, si el señor camarero me tenía controlada y sabía que había terminado o qué.

Cuando cenas con alguien, los momentos de espera están llenos de conversación y hablar sola no me pareció buena idea. Esta vez elegí sopa y pescado. Aunque por supuesto, primero el starter sorpresa. Por muy 4 estrellas que el hotela sea, sé que hacen trampa y reutilizan la comida. Por la mañana, en el desayuno, había tiras de pimiento y pepino. El starter consistía en pimiento y pepinos en trocitos con macarrones. Más fríos que los pies de Cristo. Eso significa que han usado los u han sobrado de esta mañana. Lo sé porque en mi curro de Dublín, si un día había pasta, al día siguiente había ensalada de pasta con sobras y por supuesto, fría.

Luego llegó la sopa, el caldito, porque allí dentro no había ni fideos, ni conchitas, ni picatostes, sólo caldo. Pero buenísimo, como el que hace mi mamá (jo, como la echo de menos, 30 años y con mamitis, quien me lo iba a decir). La sopa iba en el mismo plato fashion del starter y sobre él, un cuenquito de aceite con hierbas y un pegote verde. En una rodaja de pan, unté lo que parecía a simple vista aguacate, pero Lugo, estudiando el tono de verde dudé si podría ser puré de guisante. Y cuando lo probé y aquello no sabía a nada, pensé: “¿a qué esto o se come y es sólo de adorno?” No me lo comí, por si acaso. Me imaginé a los camareros y cocineros en la cocina, riendose de mí, diciendo: “Juas, mira  la que está sola allí en la mesa, se ha comido el adorno del plato”.

Y para terminar, el pescado. Mmmmmm, de ese que está tan bueno que se deshace en la boca. Lo único malo es que me trajeron el pescado entero y me da cosa comerme un pescado que te “está mirando”. Pero como soy una persona adulta, afronté la situación como tal, le quité la cabeza, la aparté a un lado y le puse una rodaja de pan y así no se le veía el ojo, que es la que me miraba con cara de pena.

Hoy ya se acaba mi desplazamiento y vuelvo a Belgrado, donde ya no hay hoteles de 4 estrellas, ni desayunos fantásticos ni voucheres.

Y en 10 días más, abandonaré también mi pisito de soltera. Lo echaré de menos.